domingo, 5 de febrero de 2012

Dejen Que los Locos Experimentemos... ¡Bwa Ha-ha-ha-Ha-ha-ha!

 ¿Cuantas veces habrás visto a los científicos con las batas blancas, rodeados de probetas, microscopios y usando una jerga incomprensible? Otra imagen es la del científico loco, que acompañado de su risa maníaca, realiza los experimentos más disparatados, llegando a la crueldad. Aunque no tengan necesariamente caras de desequilibrado, el hombre es una caja de sorpresas que cuando menos te lo esperas se saca de la chistera un experimento que a nadie se le habría ocurrido.

A veces ocurre que esa idea solo es posible para un demente, como los casos recopilados en Elephants on Acid and Other Bizarre Experiments de Alex Boase.

El elefante lisérgico 
En 1962 en Oklahoma, Warren Thomas inyectó al elefante Tusko 297 gramos de LSD. Buscaba con ello inducir al musth, que es un estado que se da una vez al año en los elefantes y en el que sienten una gran excitación sexual, aumentando su agresividad. Tusko se puso tan alegre que se murió.
La conclusión de Warren: los elefantes son extremadamente sensibles al ácido lisérgico.

¿Me firma este seguro de vida? No se preocupe si todo está bajo control... 
En los 60 una decena de soldados en el entrenamiento de vuelo por el piloto de que el avión tenía problemas técnicos y que deberían aterrizar en el océano. Tras el mensaje, les hicieron firmar un seguro de vida para que el ejercito no tuviera que responsabilizarse de los posibles daños.

Llámese experimento o broma pesada, los problemas eran una trola. El objetivo era saber si el individuo cometía más errores cuando aumentaba su convicción de que iba a morir.

El test de la obediencia de Milgram 

Todos habréis visto ya cientos de veces aquel antiguo capítulo de los Simpson en el que la familia visita a Marvin Monroe y los sientan en unas sillas donde se dan descargas eléctricas unos a otros. Pues esto es bastante parecido.

Este experimento, de los 60 igual que los dos anteriores, querían probar hasta donde llegaba la obediencia humana. En él, había un "profesor" y un "alumno", cada uno en una sala. El "profesor", acompañado de Milgram, le hacía preguntas al "alumno". Si este fallaba, recibía una descarga que aumentaba con cada respuesta errónea. Aunque debido a los gritos de dolor y de auxilio del "alumno" había algunos que abandonaban el experimento, la mayoría se echaba atrás cuando el científico le sugería, sin alzar la voz, que siguiera. Hasta un 63% realizó la última pregunta, que debía propinar una descargal letal.

Emociones, obediencia y decapitación de ratas 
Aunque no tenía el mismo objetivo que el anterior, los resultados son los mismos. Este experimento sucede en 1924, en la universidad de Minnesota con el psicólogo Carney Landis. Carney quería estudiar las expresiones faciales ante distintos estímulos. Para que las muecas de la cara se vieran más fácilmente, les hizo varias marcas con un corcho quemado.

Los sujetos olieron amoniaco, vieran pornografía y escucharon jazz. La última prueba era que decapitasen a una rata blanca, y aunque hubo quien se negó, dos tercios de los sujetos accedieron a ejecutar al animal. Sin embargo, el estudio que para Carney servía solo para estudiar las expresiones faciales, en realidad daba un resultado mucho más interesante, el límite de la obediencia humana.

Fríe a un perrito
Después del experimento de Milgram, había quien desconfiaba de los resultados obtenidos. Había quien decía que los "profesores" sabían que el electrocutado era un actor y que por eso finalizaban el experimento. Así que probaron a hacer lo mismo con Yorkshire, pero esta vez de verdad. Sinceramente, no se cual era la posibilidad de que un perro contestara correctamente y no creo que fuera lo que a los animales les interesara (más bien querrían salir de ahí). De los 26 voluntarios, 13 hombres y 13 mujeres, solo 6 abandonaron la prueba. Las 13 mujeres acataron las ordenes, aunque viendo el año de los experimentos, el machismo y la "autoridad" del hombre eran el pan de cada día, así que no veo muy fiable este experimento.

Castigado sin cosquillas 
En la década de los 30, el profesor de psicología Claurence Leuba concibió la hipótesis de que reirnos con las cosquillas era algo que se aprendía. Por eso prohibió a todos a reírse con las cosquillas delante de su hijo. Sin embargo, un día descubrió a su esposa haciendo reir a su hijo con las cosquillas. No obstante, no se rindió, probó con su hermana.

Hipnopedia 
El profesor Lawrence Leshan intentó inducir a unos "comedores de uñas crónicos" a que dejasen la costumbre. Mientras dormían, un fonografo les repetía una y otra vez la frase "El sabor de tus uñas es muy amargo". Al averiarse, tuvo que hacerlo el mismo toda la noche. Tan solo el 40% dejó la costumbre.

Más tarde, en 1931, el doctor Cameron realizó un innovador tratamiento para curar la esquizofrenia. El procedimiento era el mismo que el de Leshan, repetir una y otra vez el mismo mensaje, en esta ocasión: "La gente te quiere. La gente te necesita. Confía en tí mismo". Al parecer, los pacientes tuvieron una mejoría.

Posteriormente, utilizó otras frases como "Si ves un papel en el suelo, lo pisas". Lo sorprendente es que funcionó. Por ello fue contratado por la CIA, quien estaba interesada en el control mental. Salió debido a la escasez de resultados de sus experimentos. Terminó investigando poderes paranormales.
 

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